Pelagatos pero no sumisos

¿Por qué volver al periodismo? Porque es lo nuestro. Nuestra vocación. Nuestro oficio. Nuestra vida.

Este poder lo ha vuelto una obsesión. Una profesión corrupta. El hazmerreír de los suyos. El enemigo del país. Su obra es devastadora. Se han cerrado medios. Algunos se han vuelto insustanciales. Otros, que resisten, están al borde de la desaparición.

Correa ha hecho creer que un ciudadano puede vivir sin información. Atiborrado de propaganda. Catequizado por él. Él ha condenado la pluralidad. Roto periódicos. Perseguido medios y periodistas. Usado la publicidad oficial para premiar y castigar. Ha destruido una industria mientras ha construido el mayor holding de propaganda política en la historia nacional. En 2007 el periodismo estaba en plena mutación; hoy lucha por sobrevivir. Era criticable, hoy lanquidece. Legión de jóvenes lo estudiaban; hoy no tienen dónde trabajar.

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La sin salida del Presidente

¿Qué hace Correa sin plata? Jugar a pastor religioso. Es lo que hizo en la sabatina de este sábado 9. Ya no tiene cómo llenar las casi cuatro horas de su monólogo preferido. Decidió, entonces, como dicen los franceses, amueblar el tiempo.

El Presidente se repite. Ostensible y absurdamente. Usa los mismos lemas, las mismas palabras, los mismos lugares comunes. No habla del presente. Habla del futuro, de 2017, pero evocando el pasado de su gobierno. Lo que hizo cuando tenía tanta plata.

Él sabe cuánta agua está entrando al Titanic. Lo sabe por los sondeos de opinión que no le doran la píldora. Su estrategia apunta a frenar la tendencia. Sin plata, su línea de comunicación no tiene por blanco el bolsillo de los electores sino sus corazones. Ahora no vacila en hablar de amar y ser amado; de ser feliz pensando en hacer feliz a los demás… En claro, movió la línea política hacia el lado más afectivo del electorado. El de los buenos deseos…

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Los cuatro principios del testamento político de Rafael Correa

El Presidente luce con el sol a las espaldas. Para corroborarlo, basta con oír la sabatina de este 2 de enero. Cualquier mandatario, aprovecharía la primera intervención del año para responder las inquietudes de sus conciudadanos y, de paso, señalar las prioridades.

Correa, en cambio, dejó sentado que aquello que le interesa es copiar a Christopher Nolan, productor y director de la película Origen (Inception). Quiere sembrar algunas ideas en la mente de los electores: ha sido el mejor presidente de la historia. Su gobierno llevó a Ecuador al desarrollo relativo más alto de la región. Con él, Ecuador ha hecho cosas que envidian en el mundo… En definitiva, está dedicado a tallarse un puesto en el panteón nacional. Y lo quiere hacer desde ahora basándose en cuatro principios:

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¿Gran economista, Presidente?

El correísmo quedará en la historia como una maquinaria de forjar mitos. Uno de ellos atañe al Presidente y él lo cultiva con la pasión y con la minucia de un antiguo relojero: ser un gran economista. Modestia aparte, aclara siempre con esas bocanadas de sinceridad que sus contradictores no le reconocen.

En ese papel se instaló Rafael Correa desde que Alfredo Palacio lo nombró Ministro de Economía en 2005. Desde entonces trató a sus pares como ortodoxos roñosos. Simples contadores. Los organismos internacionales mutaron –también todos– en aves de rapiña. La deuda externa la volvió ilegítima. Y los poseedores de bonos los convirtió en pérfidos mercaderes, en seres dedicados a vender la patria…

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Diciembre cantando: ¿con bemoles, Presidente?

 

Según el Presidente, pasaremos diciembre cantando. Pero hay muchas preguntas que aguan la fiesta. Carta abierta de José Hernández, Martín Pallares y Roberto Aguilar a Rafael Correa.

 

Señor Presidente,

Usted había prometido ser muy creativo en la coyuntura actual. La verdad lo ha sido. Tanto, que el país no alcanza a imaginar, como usted mismo reconoció en su última sabatina, todas las cosas que usted y su gobierno han hecho para tapar unos huecos con otros huecos. El año termina con una retahíla de buenas noticias sobre créditos e inversiones, pagos puntuales de deudas, aguinaldos y su alegre promesa de que “vamos a pasar diciembre cantando”.

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Fernando Bustamente: ¿de qué tamaño son tus valores y principios?

Fernando,

Nueve años después sentiste que tenías principios que defender. Tras nueve años, sentiste -usando tus palabras en El Universo– que como Pilatos te estabas lavando las manos y debías dar testimonio de tus valores “aunque fuese violando la disciplina partidaria”. Y lo hiciste.

Volviste, no se sabe si en forma definitiva, a tu conciencia. Volviste a recordar que es imposible para un espíritu libre vivir de espaldas a lo que cree, piensa, dice o escribe. Los espíritus libres aprendieron, con Nietzsche, que la conciencia es la esfera de las intermediaciones. Tú ahora reivindicas tus convicciones. Y lo haces para violar el código aborregado que el correísmo creó para ignorar que la democracia, incluso la que debe darse en un movimiento político, no puede amordazar esa red de relaciones, de convicciones, de valores que une a cada ser humano con los otros. Eso es la conciencia.

Hay que saludar, Fernando, que tras nueve años, vuelvas a considerar que la dialéctica, que enriquece y justifica cualquier democracia, no tolera imperativos autoritarios. Eso se sabe desde Sócrates quien cultivaba, tú no lo ignoras, una actitud irreverente ante las opiniones dominantes.Y es eso lo que tú y tus amigos de Alianza País han ignorado desde hace nueve años. Han pretendido reducir hasta “la estupidez del estereotipo gregario”, como escribió Niezsche, la esfera pública, la conciencia de cada uno de los ciudadanos.

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La oposición debería agradecer al señor Presidente

Sí, hay que agradecer al Presidente. Muchos siguen sin entender que el mejor aliado de la oposición es él: Rafael Correa no necesitaba las reformas constitucionales porque el control que tiene sobre instituciones y la usurpación de derechos ajenos ya son totales. Pero las hizo. No necesita más enmiendas: pero se apresta a enviar un nuevo paquete.

Hay que celebrar que el Presidente sea tan acucioso. ¿Quién mejor que él para hablar de sí mismo? Porque vamos a ver. Decir que es prepotente, le encanta el poder y lo quiere todo sin resquicio alguno para nadie, suena exagerado. No es fácil explicar lo que eso significa y cualquiera que lo haga se expone a ser descalificado. Lo grave no es eso: es explicar, en forma convincente, lo que significa que él quiera todo el poder. Todos los poderes.

Felizmente el Presidente hace fácil lo que parece complicado. Ya dijo que él no era solo el jefe del poder Ejecutivo (todo el gobierno y la administración central). Dijo que también es el jefe del poder legislativo (todos los asambleístas juntos), el poder judicial (todos los jueces con Gustavo Jalkh a la cabeza), los organismos de control (un montón), las Superintendencias (otro montón), los gobiernos locales (una letanía)… Todo es todo. Que él lo diga, es un alivio. Que lo diga con aspereza, como suele decir esas cosas, pues lo hace más persuasivo: él manda en todo. Y en todos.

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